Los post de Beatriz Elena Marcano

Cada día estamos conociendo experiencias educativas y formativas en las que se está haciendo uso de los videojuegos como herramienta o entorno para fomentar el conocimeinto, la creatividad, el pensamiento crítico y la consciencia social, ecológica, política...

Pero, ¿es posible aprender todo eso solo con un videojuego? Hay muchos tipos de videojuegos, con diferentes niveles de dificultad y con diferentes “curvas de aprendizaje”.  Muchos exigen poco más que rapidez, coordinación psicomotriz, capacidad de atención global y selectiva. Otros además de ello, exigen que se tome decisiones complejas, se gestionen recursos y tiempos, se negocie con otros… o requieren que el jugador se coloque en el rol de un personaje que deberá tomar decisiones en las que se ponga a salvo o en peligro la vida en el planeta o la calidad de vida de la humanidad. Con las prácticas habituales en determinados juegos -o una variedad de ellos- se van consolidando las conexiones sinápticas y los engramas neuronales que son el sustrato neurofisiológico de las competencias, habilidades y destrezas que se incorporan al repertorio conductual de los jugadores.  En otras palabras, con la repetición de actuaciones se forman hábitos que se manifiestan en el comportamiento. De allí que las prácticas con videojuegos con alto nivel de dificultad y exigencias potencien aprendizajes complejos y el desarrollo de diversas competencias.

¿De qué se valen los videojuegos para lograr todo esto? De las imágenes, el movimiento, la interfaz gráfica, es decir el impacto sensorial, la narrativa, los efectos de sonido y la sensación de inmersión que puedan generar. Todo ello llega directamente al sistema límbico (cerebro emocional) y estimula diversos estados emocionales: de miedo, excitación, sorpresa, alegría, deseos de avanzar, de superar los retos. A la vez estos estados emocionales motivan a aprender lo que haya que aprender para salir con éxito de la situación problématica en la que nos haya puesto “el juego”: obtener puntos/premio,  eliminar al enemigo, escapar de una persecusión,  desarrollar ciertas habilidades; en fin dependiendo de la naturaleza de los premios o recompensas que ofrezca el juego o para hacer que el juego divierta habrá que aprender. Tanto las normas, como la forma más eficiente de “moverse” en el entorno virtual, para alcanzar el éxito y para que sea gratificante.

¿Se están aprovechando estos beneficios en las aulas? Ya en muchas aulas se están incorporando los videojuegos como medios para propiciar ciertos aprendizajes no solo para motivar ni para “pasar el tiempo libre” . Se ha logrado estimular el compromiso de los estudiantes  en su propio proceso de aprendizaje y lograr el desarrollo de iniciativas de promoción social participativa.

¿Nos animamos? ¿Qué hace falta para empezar a usar los videojuegos en mis aulas? ¿Debo ser videojugad@r? ¿Necesito los equipos en mi aula? ¿Me lo va a permitir la Dirección? ¿Estaré solo en esta meta?

 Preguntas para la reflexión y movilización a la acción ;-)




Beatriz Elena Marcano

Profesora en Máster de Secundaria (UNIR). Psicóloga. Magíster en Gerencia educacional. Dra. en Educación en procesos de formación en espacios virtuales. Investigadora en videojuegos y sus potencialidades formativas.

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